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Nota folclórica dominicana sobre muertos y apariciones

Por   /  27 Mayo, 2014  /  No hay Comentarios

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Lilis

El Gral. “PERICO” PEPÍN fue Gobernador de Santiago y mano derecha del Presidente Ulises Heureaux, “Lilís”. Un hombre guapo, pero que le tenía miedo a los muertos.

Transitando por la intersección Cuba/Vicente Estrella, en el área de Los Pepines, en busca de un trozo de torta de maíz para satisfacer un antojo, recordé una de las anécdotas que relata Nicanor Jiménez en sus Apuntes Inéditos (que ya no son inéditos, pues, gracias a la labor de los amigos Piero Espinal Estévez y Robert Espinal Luna, con la colaboración del ex Alcalde Sued, estas magníficas notas fueron plasmadas en un libro, ya agotado).

Se trata de lo siguiente: PEDRO PEPÍN (“PERICO”) tenía la costumbre de ir a besar la mano de su padre de crianza, Fermín Cepeda. En una ocasión, al pasar cerca de la casa de Agustina Castro, ubicada en la esquina que he referido, vio la figura de POLO BALBUENA, que lo saludaba. Y salió huyendo (Polo Balbuena, oficial del Batallón de Cazadores del Yaque, había muerto). Como esto le pasó varias veces, Perico dejó de ir a besar la mano de siño Fermín Cepeda.

En otra ocasión al llegar a la Fortaleza San Luís vio a Polo recostado en la torre del reloj. Volvió a correr Perico y cuando llegó a su casa y le contó el suceso a su padre de crianza éste le dijo: “Mira pendejo, Polo te quería decir que cuando la pelea de El Cabao, que hirieron a Lilís (en la nuca) él le ofreció una carga de velas a la Virgen de las Mercedes y una misa si se ganaba la acción y quiere que tú le cumplas esa promesa.” (Apuntes Inéditos, N.J.).

Perico Pepín, a la cabeza del Batallón Yaque, salió fugaz para el Santo Cerro, con las velas ofrecidas. Se dio la misa y se entregaron las velas, cumpliéndose la “promesa”. Cuenta Nicanor Jiménez que Perico ordenó a Victoriano Silverio regresar a Santiago, mientras él iba a su finca en Maguaca por el camino de La Vega…en el trayecto volvió Perico a ver a Polo Balbuena que le dice: “Compadre, muchas gracias”.

Relata Nicanor que Perico “picó espuelas” y que en vez de seguir a Maguaca regresó a Santiago primero que el batallón y le dieron algunas fiebres.

EL QUE OFRECE UNA PROMESA Y MUERE SIN CUMPLIRLA, mientras no pague no sube al cielo y anda errante, haciendo “asomo” y molestando a los vivos con ruidos y apariciones. Perico fue el encargado de “subir al cielo” a Polo Balbuena.

Como el objetivo de este post es destacar un aspecto de la cultura popular, no voy a entrar en detalles sobre cuestiones de la inmortalidad del alma, Feuerbach, etc., ni a abundar sobre Perico Pepín, limitándome a destacar que, independientemente del credo que se profese, la mayoría cree en la supervivencia del alma y que Perico Pepín fue famoso, aparte de su coraje en el combate, por haber sido quien trasladó, a lomo de caballo, el cadáver de Lilís de Moca a Santiago, luego de ser ajusticiado el 26 de julio de 1899, ordenando que fuera sepultado en la Catedral Santiago Apóstol.

LAS HISTORIAS DE MUERTOS QUE SALEN O QUE HACEN “ASOMO” se pueden rastrear en la literatura universal, como en la Divina Comedia.Unos van al Infierno, otros al Cielo; pero hay algunos que se quedan en el Limbo, una especie de almas “ni-ni” como en las tendencias dentro de los partidos políticos.

PERICO PEPÍN, como muchísimos otros de su época, personaje que se desarrolló en medio de un ambiente supersticioso, necesariamente debía reflejar (y objetivar) esas creencias.

En nuestra cultura popular, que se pierde y difumina a gran ritmo, hay otras tradiciones similares, como aquella de que EL CADÁVER DEBÍA SACARSE DE LA CASA CON LOS PIES HACIA DELANTE, para que no regresara. Lo contrario se hacía con los enfermos que se trasladaban en literas, de quienes se esperaba su recuperación. Se sacaban con la cabeza delante y los pies en dirección a la casa, porque debían retornar al hogar.

Cuando frente a una casa pasaba un entierro (una procesión fúnebre) y en ésta había un enfermo guardando cama, se buscaba cualquier excusa para sentarlo o ponerlo de pie, porque el muerto “se lo podía llevar”.

También se acostumbraba a BOTAR TODA EL AGUA almacenada en la casa al momento de la defunción. Si la persona moría con sed existía la convicción de que el alma se bañaba en todos los recipientes que la almacenaban. De manera análoga, al cruzar frente a las casas la procesión fúnebre algunos lanzaban un jarro de agua “para que si tiene sed, beba y el alma no se bañe en la tinaja” (Ramón Emilio Jiménez, Al Amor del Bohío).

Aún persiste la práctica de LEVANTAR UN ALTAR en la habitación del muerto y conmemorar los “nueve días”. Es lo que conocemos como “LA VELA”. Ese día, quien cerró las puertas y ventanas de la casa o habitación es quien debe abrirlas de nuevo. Con este acto se despide definitivamente al muerto.

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Sobre el autor

Procurador fiscal de la corte de apelación de Santiago y miembro fundador de un club de astronomía (Club Astronómico de Santiago, Inc.)

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