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Los enemigos del cine dominicano

Por   /  3 Noviembre, 2015  /  No hay Comentarios

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Para el 1988, cuando se estrenó el documental “La trinchera del honor” hubo negativas por parte de la comisión de espectáculos públicos de exhibirla, ante tal atropello,  se le preguntó al presidente Balaguer su opinión sobre dicho trabajo y  la prohibición de la Comisión de Espectáculos Públicos y Radiofonía. Su respuesta tan astuta, como hipócrita fue: “…la verdad es que no tengo tiempo para ver películas, ni para que me hablen de películas, yo estoy demasiado ocupado… demasiado ocupado para interesarme es ese tipo de problemas…”  lo increíble fue oír en seguida la algarabía de sus seguidores y gente ingenua de la época en apoyo a tales comentarios.

Durante más de medio siglo,  Trujillo y Balaguer impidieron el desarrollo del séptimo arte y lo que éste representaba también como industria, pero pasados ambos regímenes nuestro cine, con sus altibajos, iniciales experimentos fallidos fuimos construyendo los cimientos de lo que hoy al fin tenemos; una ley y una pequeña industria.

A pesar de sus defectos, tenemos una ley, que incentiva a los empresarios a aportar a la industria, tenemos un fondo (Fonprocine) para que que los jóvenes pueden acceder a recursos y ver la materialización de sus proyectos cinematográficos tanto sociales como culturales los cuales procedes los impuestos que pagan los mismos participantes de la industria. Por otra parte en pocos años hemos multiplicado las iniciativas festivales, véase Festival de Cine Global (Funglode), Festival de Fine Arts (Caribbean Cinema), Festival de cine independiente de la Alianza Francesa (IFFiC), como muchos otros, dándonos la oportunidad de dar a conocer más el cine latinoamericano  y lo que nos  integra con la región  iberoamericana. Pero parece que nada de esto es suficiente…

Desde la misma gestación de la ley de cine, ésta ya tenía sus enemigos, tanto de sectores, el propio gobierno que la creó, como irónicamente, de las corrientes, que en su tiempo adversaban  a Balaguer.

La ley hoy en día ha traído mucha alegría a quienes han soñado con realizar sus proyectos cinematográficos y disgustos a quienes todavía viven de la improvisación, el cualquierismo  y del intelectualismo mediocre.

Los que han triunfado, ya sean artística o económicamente, a pesar de toda la burocracia de por medio, han sabido manejarse con las reglas de juegos, sorteando los obstáculos y aportando su granito de sal a nuestro cine. Los que no, patalean como chiquillos, exigiendo más dulce, sin darse cuenta que la paletera ya les cerró el crédito.

El principal debate por el que todavía algunos pelean, gritan y saltan sobre la calidad del contenido de las actuales obras audiovisuales, lo cual no ponemos en duda, porque  todavía tenemos un largo camino que recorrer.

Pero los enemigos del cine dominicano no son los que hacen películas aparentemente malas, sino aquellos que sin siquiera haber hecho una película o sin haber hecho un aporte verdaderamente significativo escupen, defecan y orinan sobre nuestra ley de cine, sólo porque no está hecha con un traje a su medida. Esta corriente compuesta por cineastas resentidos, comunicadores aduladores, políticos ignorantes y abogados mediocres, abogan por un mayor control sobre la calidad de parte de las instituciones encargadas de velar  por el correcto ejercicio  de la industria.

Y si no se hace de esa manera optan por hacerla desaparecer o quemarla, porque no entienden, según ellos, que los productores se puedan hace ricos con el dinero del pueblo haciendo disparates, bajo el alegato que ese dinero debe invertirse en educación, salud, etc.

Bajo este populismo barato, estos guardianes del pueblo pretenden coaccionar, manipular a muchos incautos en contra de un cine, que con sus buenas y malas películas es nuestro, les guste o no.

Si realmente tuviéramos un cine en el que se regulara la calidad del contenido, ahí si que sería todo un retroceso, teniendo una ley  como un bonito florero, estancados en la autocomplacencia, similar a la que vivió  Tarkovski en Rusia en los 70.

Tales efumenismos también me recuerdan como Judas Iscariote en el Evangelio de san Juan capitulo 12 donde criticó a una joven por mojar los pies del maestro, con un perfume tan caro que se podría vender para dar el dinero a los pobres. Por supuesto, la aparente humanidad fue pulverizada con una crítica pública de Jesús y sería la misma historia que pondría en su justo lugar al traidor.

Es muy fácil hacerse eco de las voces agoreras, sin darse cuenta de que siempre tendremos problemas que resolver, siempre habrá gente emprendedora, grandes seres humanos que nos precedieron, los que están y otros que llegarán para luchar por nuestra sociedad, para eso también tenemos, guionistas, directores, fotógrafos, productores, actores, genios inquietos explorar el alma de nuestra sociedad e identidad. En oposición siempre habrán mediocres para criticarlo todo, sin dar ninguna solución.

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