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El aborto disminuyó la delincuencia en NY en las ultimas décadas

Por   /  21 Julio, 2016  /  No hay Comentarios

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Por Benjamín Zetina

En los Estados Unidos la delincuencia se mantuvo relativamente estable desde los años 40’s del siglo pasado hasta el inicio de los 60’s, cuando súbitamente comenzó a aumentar y lo hizo de manera tal acelerada y constante que para 1989 era un 80% mayor que en 1960. Pero no pasó del 80% e inexplicablemente, a partir de 1990, comenzó a descender. Y lo hizo también de manera constante. ¿Por qué?

Dos economistas que se distinguen por una actitud revolucionaria dentro de su disciplina, Steven Levitt y Stephen Dubner, se dieron a la tarea de encontrar la explicación y llegaron a resultados sorprendentes e inesperados. Estos y otros sobre temas de gran actualidad, los publicaron en su libro “Freakonomics”, editado por Ediciones B.S.A., para el sello Zeta Bolsillo, en 2007 de Barcelona. La traducción al español es de Andrea Montero.

El crecimiento del número de crímenes violentos tenía una tasa de crecimiento tan clara, a partir de 1960 que criminólogos como James Alan Fox, predijeron, según consignan Levitt y Dubner, que a la población le esperaba un “baño de sangre” porque no parecía haber remedio para el constante crecimiento de los delitos tanto violentos como patrimoniales

Pero, como dijimos, a partir de 1990, las cosas cambiaron. Y fue para bien.

“Cuando el índice de criminalidad comenzó a descender a principios de los noventa, lo hizo tan rápido y de un modo tan repentino, que sorprendió a todo el mundo –explican Levitt y Dubner – Algunos expertos estaban tan convencidos de que continuaría en aumento que tardarían años en reconocer siquiera que el crimen estaba descendiendo … pero la evidencia era irrefutable: el pico largo y brutal del crimen se movía en dirección opuesta, y no se detendría hasta que el índice de criminalidad hubiese retrocedido a los niveles de cuarenta años antes”

Nuestros economistas iniciaron la búsqueda de la explicación de este inesperado descenso del crimen, a partir de las explicaciones que se publicaron entre 1991 y 2000 en los medios de difusión mejor acreditados y que, explican Levitt y Dubner, tomaron de la base LexisNexis. Las explicaciones posibles, individuales o combinadas fueron, en orden de mayor a menor número de menciones, las siguientes:

  1. Estrategias policiales innovadoras
  2.  Mayor confianza en las cárceles
  3.  Cambios en el mercado del crack y otras drogas
  4. Envejecimiento de la población
  5. Medidas más estrictas en el control de armas
  6. Fortaleza de la economía
  7. Aumento del número de efectivos policiales
  8. Otras: mayor imposición de pena de muerte, leyes de ocultación de armas, etc.

Los autores retan a sus lectores para que mediten acerca de cuál o cuáles son la causa, y dan un tip: “.. otra pista: una de las mayores causas mesurables del descenso del crimen no aparece en la lista, porque no recibió una sola mención por parte de la prensa”

Analizan cada una de estas hipótesis mediante una metodología esencialmente estadística. Observan que una economía sana parece ser una buena explicación de la caía del porcentaje de delitos. Una economía sana implica disminución del desempleo y mejores ingresos. Efectivamente, eso disminuye el número de delitos “con motivación económica directa”, como el robo, el asalto y el robo de autos. Se ha probado que un punto de descenso en el desempleo, implica una disminución del 1% de estos delitos. Pero de 1990 a 2000 este tipo de delitos disminuyó ¡40%! La economía, pues, no explica la baja.

Otra hipótesis era que la delincuencia aumentó en los 60’s porque el sistema judicial de Estados Unidos fue menos severo, ya que se pusieron de moda los derechos humanos de los detenidos. Los delincuentes sabían que ahora podía recibir penas menos severas que antes, Pero una vez, más los datos estadísticos contradicen esta hipótesis. De acuerdo con los datos de los economistas, entre 1980 y 2000 el número de sentencias por crímenes violentos se multiplicó por 15. Otro datos, en 2000 había cuatro veces más presos que en 1972. El temor a los defensores de los derechos humanos, duro poco y la realidad es que las sentencias fueron más y más severas. Según Levitt, esto explica quizá una tercera parte del descenso de la delincuencia, pero no el total

Nuestros autores estudian enseguida la mayor aplicación de la pena de muerte. Todos los datos estadísticos indican que la ejecución de criminales tiene escaso efecto en las estadísticas de la criminalidad. Nuestros economistas llegan a una irónica conclusión: estar en el pabellón de la muerte es más seguro, para la vida, que estar en las calles de una gran capital. En el pabellón de la muerte pierden la vida el 2% de sus sentenciados. En la calle muere el 7% de los ciudadanos.

La siguiente hipótesis fue la que considera como causa las innovadoras estrategias policiales y un mayor número de policías. Es un fenómeno social que cuando la delincuencia aumenta, la población clama por más policías, dicen Lovitt y Dobner. Y los políticos suelen otorgar esta concesión, generalmente por fines electorales. Pero hay casos sonados, que parecen apoyar esta hipótesis. Tal es el caso de la disminución de la delincuencia en Nueva York durante la administración de Guiliani y su jefe de policía Bratton. Hecho famoso en todo el mundo.

Según Bratton, el secreto de acabar con la delincuencia consiste en combatir el detalle. Levitt llama a esto la “Teoría de la Ventana Rota”. Si alguien rompe una ventana y no pasa nada, después romperá una puerta para entrar a robar. De manera que hay que combatir las pequeñas faltas (orinarse en el metro, meterse sin pagar, pedir limosna agresivamente, limpiar parabrisas de manera amenazante, etc.) para evitar las mayores.

Levitt y Dubner comentan:

“La ciudad de Nueva York fue una clara innovadora de estrategias policiales durante el descenso de la criminalidad en los noventas. … Los índices de homicidio descendieron de un 30.7% por cada 100,000 habitantes en 1990 a 8.4% por los mismos 100,000 habitantes, un cambio del 73.6%. Pero un análisis detallado de los hechos demuestra que las estrategias policiales innovadoras probablemente tuvieron escaso efecto en este enorme descenso.

“Primero, la caída de la criminalidad en Nueva York comenzó en 1990. Hacia finales de 1993, los delitos violentos (incluido el homicidio) y los relacionados con la propiedad ya habían descendido un 20%. Sin embargo, Giuliani no llegó a la alcaldía –y nombró a Bratton jefe de policía – hasta principios de 1994. El crimen ya iba en descenso antes de que ninguno de los dos ocupara su puesto. Y continuaría descendiendo mucho después de que Bratton fue obligado a dimitir”

Nuestros autores indican que aun cuando en Nueva York, adicionalmente a esas medidas se aumentó el número de policías en un 45%, los índices de descenso de la criminalidad ocurrió en todos los estados de la Unión. Los mismos resultados se dieron en ciudades como Los Ángeles, “ciudad conocida por su pésimo sistema policial”, cuyos índices de descenso de crímenes fue tan espectacular como en Nueva York.

El control de armas y los cambios en el mercado de las drogas, tampoco explican el descenso masivo, según los economistas autores del estudio. Dicen que el control tiene poco significado en Estados Unidos en donde, según sus palabras “hay armas suficientes para que, si diésemos una a cada adulto, nos quedásemos antes sin adultos que sin armas” Y esa situación es anterior y posterior al descenso de la delincuencia.

Sabemos bien en México, que el cambio en el mercado de drogas incrementa y no disminuye lo delincuencia. Cada día hay más crímenes. Los traficantes están dispuestos a matar a cuanto rival estorba sus negocios. Pero esto, dicen Levitt y Dobner, tiene su evolución, al menos en Estados Unidos, los traficantes de las calles terminan por convencerse que arriesgar su vida por un pedazo de territorio cuyos beneficios no son proporcionales al riesgo, a la larga no vale la pena. Por otra parte, los grandes capos, que obtienen ganancias enormes, se asesinan entre sí o terminan encarcelados, de manera que, en las calles, disminuyen los homicidios. Al menos en Estados Unidos de 1991 a 2000 cayó en un 48%

Finalmente, el envejecimiento de la población fue analizado como explicación. Lovitt y Dobner consignan que los criminólogos hablan de que un incremento de población adolescente produciría una generación de súper depredadores. El caso es que el número de adolescentes aumenta de manera natural pero, hasta ahora, la delincuencia no lo ha hecho, además, como consignan estos economistas:

“El cambio demográfico es un proceso demasiado lento y sutil – no pasamos de matones adolescentes a señores de la tercera edad en unos años – para comenzar siguiera a explicar lo repentino del descenso del crimen.”

Si ninguna de estas hipótesis se confirma, entonces ¿Cuál es la causa central de la disminución de la delincuencia? Lovitt acepta que algunas de estas acciones, inciden sobre la disminución de los índices de delincuencia, pero la causa principal, aseguran, no está entre ellas.

Según la investigación de Levitt y Dobner, el único hecho que se correlaciona consistentemente con la disminución de la delincuencia es ¡la legalización del aborto!

Según sus datos, en 1973 ocurrió un hecho clave para el tema que estamos tratando: este hecho fue el fallo del Tribunal Supremo de los Estados Unidos en el caso < Roe contra Wade >. El juez Harry Blackmun dictaminó:

“El perjuicio que el Estado ocasionaría a la mujer embarazada al denegar su elección resulta evidente… La maternidad, o el aumento de la descendencia, pueden imponer a la mujer una vida y un futuro angustioso. El daño psicológico puede ser inminente. El cuidado del hijo puede poner a prueba su salud mental y física. También existe la angustia, para todos los involucrados, asociada al niño no deseado, y el problema de criar a un hijo en una familia que ya es incapaz, psicológicamente o de otra forma, de cuidad de él”

Esta sentencia legalizó el aborto en los Estados Unidos. Un año después de que fue dictada abortaron 750 mil mujeres, cantidad equivalente a un aborto por cada cuatro nacimientos. Para 1980 el número de abortos superó el millón y medio y alrededor de esa cantidad la cifra se estabilizó. Y es que antes del caso Roe vs. Wade, abortar podría tener un costo de 500 o más dólares. En 1980 el costo rara vez llegaba a los 100 dólares, estaba al alcance de cualquier mujer de ingresos medianamente bajos

Lovitt y Dabner citan algunos estudios que indican que los niños NO nacidos debido al aborto, habrían tenido más del 50% de probabilidades de vivir en la pobreza, de crecer, además, con uno sólo de sus padres, factores ambos que están relacionados con un futuro criminal. Otros estudios, dicen, han demostrado que los padres de los delincuentes tienen en la mayoría de los casos, bajos niveles educativos.

Desde luego, el hecho de que a principios de los 90’s, cuando los hijos no deseados estuvieron ausentes y comenzó a decaer la criminalidad en los Estados Unidos, puede ser una extraordinaria coincidencia, más que una relación causa – efecto. Levitt y Dobner, analizan esa posibilidad y encuentran datos suficientes como para afirman que los hechos demuestran que el aborto legal si tiene efectos directos en la disminución de la criminalidad.

Observaron los índices de criminalidad en cinco estados de la Unión Americana que habían autorizado el aborto antes de que fuese autorizada en todo el país a partir del caso < Roe vs Wade>. Estos fueron Nueva York, California, Washington, Alaska y Hawái. Encontraron que estos cinco estados, que autorizaron el aborto dos años antes que el famoso caso, la delincuencia, efectivamente comenzó a declinar antes que en los otros 40 estados. Los índices de delincuencia fueron 13% menores y, además, entre 1994 y 1997, el descenso fue del 23%.

Otro dato a favor de la relación causa – efecto entre aborto y disminución de la delincuencia lo obtuvieron al relacionar el número de abortos por Estado contra índices de disminución de la delincuencia. La relación matemática fue positiva, a mayor número de abortos, menor índice de delincuencia. Los máximos logrados en el abatimiento alcanzaron el 30%.

Otro indicio a favor se encontró al analizar que: 

“Antes de los finales de los ochentas, – cuando la primera generación afectada por la legalización del aborto alcanzaba la edad criminal – no existía ninguna relación entre el índice de aborto de un estado determinado y su índice de criminalidad, lo que constituye otro indicio de que < Roe vs. Wade > fue en efecto el acontecimiento que inclinó la balanza de la criminalidad. … Además, estudios procedentes de Australia y Canadá han establecido desde entonces una relación similar entre la legalización del aborto y el índice de criminalidad.

De hecho, las estadísticas indican un beneficio adicional:

“En la generación posterior a < Roe vs. Wade > no sólo faltaban miles de jóvenes criminales, sino también miles de madres solteras y adolescentes; porque muchas de las niñas que no nacieron debido al aborto con mayor probabilidad habrían repetido las tendencias de sus propias madres”.

Muchos más datos estadísticos confirman que el aborto disminuye la delincuencia. Esto confirma descubrimientos de la psicología infantil, la cual ha demostrado, a partir de los trabajos de Bowlby y Ainsworth , que los hijos no deseados suelen ser tratados de manera tal, que tienen una predisposición alta a caer en la criminalidad y los actos violentos. (Una lectura sencilla y por lo tanto al alcance de todo el mundo, sobre el tema del efecto de la conducta paterna en el desarrollo del niño, lo constituye el libro “Relación madre-hijo”, de Heredia Ancona B., editado por Trillas, México, 2005)

Lo menos que puede decirse es que resulta sorprendente esa relación entre aborto y criminalidad. Sube una, disminuye la otra. Pero los mismos autores de este

descubrimiento, se preguntan si no se trata de una paradoja que opera totalmente dentro de la propia criminalidad. El aborto puede ser considerado como un crimen. En muchos países y en muchos medios, es considerado como tal. De manera que pudiera concebirse como una situación en la que un crimen incide negativamente en la frecuencia de otros. El hecho real es que el mundo está dividido respecto al aborto, para unos es un derecho de la mujer y una medida socialmente sana; para otros, un homicidio con todas las agravantes.

Desde la perspectiva del aborto como crimen, esta relación entre aborto y delincuencia, es una acción que deja al Holocausto a nivel de juego de niños. Entre 1973 y 2004, consignan Levitt y Dobner, se cometieron 37 millones de abortos, una cifra seis veces mayor al número de judíos asesinados intencionalmente por los nazis, número que se calcula en 7 millones.

Vale la pena meditar sobre el asunto. Se trata de un asunto altamente polémico, en el cual la frialdad de las correlaciones estadísticas arroja hechos incuestionables matemáticamente hablando, en tanto que el pensamiento humanista, opuesto a las matemáticas, intenta comprender todas las variables no medibles, pero presentes, en tan inusitado problema.

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