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La crítica y los analistas de cine; una reflexión necesaria

Por   /  29 Julio, 2016  /  No hay Comentarios

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El malentendido perenne sobre el análisis ejercido a una película es la eterna discusión, la que, como la serpiente que se muerde la cola, no tiene fin. Y siendo optimistas, nunca lo tendrá. Porque este profesional debe partirse en dos o en tres, o como cualquier asesino en serie, deberá tener personalidades múltiples.

Se espera su mirada pontificadora desde ciertos sectores que desean la absolución de sus pecados fílmicos. O por lo menos, que la penitencia no sea tan severa que nos condene a ver dos o tres de esas complicadas y profundas visiones de directores que le andan buscando las cuatro patas al gato, como unos tales Bergman, Ozu o algún discípulo aventajado.

Aunque usted no lo crea, muchos de esos que abominan a los pedantes y escandalosos analistas, son los primeros en esperar coincidir en algún momento con ellos. Vivimos en una sociedad en donde la aprobación es un símbolo de importancia porque le coloca al aprobado un sello o aureola de conocedor o degustador del buen cine.

La exquisita mirada que el condescendiente crítico derrama sobre esta o aquella película es seguida con inquietud expectante, incluso por sujetos que niegan hacer caso alguno a las palabras de aquellos petimetres que ejercen, para estos, un oficio tan extraño como improductivo. Ellos piensan que no tiene importancia criticar películas, que es cosa que no ayuda en nada a la economía personal de esos escribidores.

LOS PREJUICIOS CONTRA EL CRÍTICO.

A la pregunta de: “¿Qué tú haces?”, si la respuesta es: “Soy crítico o analista de cine”, se pueden esperar reacciones más o menos típicas en la onda de miradas sorprendidas o desdeñosas, la sonrisita irónica o la clásica segunda pregunta, que más que curiosidad es la confirmación de tu pertenencia a la indigencia profesional: ¿Y de eso se vive o se produce algo?

Los más educados, o con cierto tacto, suelen tener las observaciones más lapidarias porque su naturaleza conservadora les impide expresar con claridad lo inexplicable que es para ellos la dedicación de alguien sensato a una labor tan poco productiva como es opinar sobre películas, y además, el esfuerzo de ponerlo por escrito.

La otra cara de la moneda es de quienes le ven lo mercurial y glamoroso al asunto y piensan en hacerse famosos y codearse con las estrellas, asistiendo a estrenos, degustando finos cocteles y recibiendo gustosos los regalos y productos del merchandising alusivo a las películas de estreno. Estos son los que tienen mentalidad de buhonero o arribista social.

Esa parte, la de las invitaciones a las premieres o presentaciones, tienen un lado oscuro, pues los distribuidores o los productores esperan, sino una crítica amable, por lo menos que en agradecimiento, el analista no sea todo lo preciso que debe ser y que resalte las partes positivas, olvidando las imperfecciones inoportunas.

Los técnicos de las diferentes áreas desean que se emitan elogiosas loas a su trabajo, poniendo de relieve la magnífica fotografía, obra de fulano de tal, que resalten los maravillosos colores, los ángulos impresionantes y los movimientos de cámara que dejan estupefactos a las audiencias, y tan sorprendidos los dejan, que estos se olvidan de la historia intrascendente que acaban de ver.

Sabemos de oídas lo que se dice del ego de los artistas, pero en el caso de criticar la mala actuación de X en el estreno más reciente, siéntese a esperar la reacción que en los casos benignos puede llegar en la forma de un correo o de una llamada telefónica, preguntando por qué opinas así, y también están los más intensos que recurren a métodos más agresivos y ruidosos.

Esta media isla está poblada de ciertos artistas o cineastas que pueden perfectamente tolerar una crítica positiva o una alabanza desmesurada a su trabajo, e incluso reconocer la importancia de un escrito desbordado en elogios sobre su filme, pero en el momento en que perciben un atisbo de cuestionamiento, hasta ahí llego su tolerancia.

ANALIZAR O COMENTAR?

Se analiza una película para entender el fenómeno creativo, para establecer una comunicación con el espectador, y para indicarle a los hacedores de estas los aciertos y las fallas, si las hay. No cumplir con ninguno de estos pasos o dejarlos a medias es desconocer la función del analista y perderse en la selva de los fotogramas.

Existe una diferencia entre comentar y analizar. Se sabe que esta cercanía crea malos entendidos, pues el comentarista no profundiza necesariamente en los hechos fílmicos, cosa que si hace o debe hacer el analista para cumplir el cometido al cual está obligado, por lo medular del hecho.

Deslindar y aclarar las subdivisiones dentro de este campo es vital para acabar con estas confusiones, amén de que algunos sujetos intentan hacerse pasar por lo que no son, produciendo un daño terrible a la profesión pues carecen de la profundidad y de la formación necesaria que los capacita para ejercer de guías o facilitadores en el universo cinematográfico.

La tarea divulgativa y analítica que cumple la crítica cinematográfica está ligada al rigor y al conocimiento de las leyes del cine y a la cultura en general, siendo este arte un caleidoscopio social que refleja como un espejo los modos expresivos de la comunidad que habita en los más profundos rincones del planeta.

Parecería que las confusiones y las brumas sobre las labores que ejerce la crítica estarían desterrados en esta era de lo digital y de la sobreabundancia de información, pero no, los prejuicios sobre ella son constantes, extendidos y siguen siendo compartidos por amplias franjas de las audiencias cinematográficas.

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