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Balance fílmico a la fama

Por   /  29 Diciembre, 2016  /  No hay Comentarios

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A estas alturas del año lo típico es hacer un balance de las cosas que pasaron, de los números, éxitos, fracasos, premios y así podríamos seguir en un ejercicio tan trabajoso como repetitivo, con la aclaración de que valoro los análisis y las críticas de los colegas. A mí me son muy útiles para repensar lo visto y lo no visto.

Ya sea porque otro balance más cansa o por el choque emocional de los últimos fallecimientos, me he repensado y reconfirmado que las luces de la fama en el cine no son efímeras pero si crueles e injustas, siendo este, como es, un arte colectivo lleno de oficios poco o muy visibles, pero igualmente importantes.

El 25 de Diciembre se nos ha muerto como de un rayo Eliseo Subiela, director argentino de películas tan sonoras como El Lado Oscuro del Corazón (1992) o de Hombre Mirando al Sudeste (1986). Una noticia que recorre de los medios de comunicación, desatando olas de comentarios, de lamentos y artículos, dando cuenta de su importancia artística, reconocida en vida y que su muerte no logrará borrar.

El mismo día que Subiela, fallecía también el director artístico español Gil Parrondo, decorador de Patton (1970), Lawrence de Arabia (1962), El Doctor Zhivago (1965) y otras grandes películas, ganador de dos Oscar conseguidos en una larga carrera. Pero el boom mediático no fue el mismo, ya que pese a su gran figura, no se puede competir con directores o actores.

Y en cuanto a la muerte amada

No todas las muertes de directores provocarán tumultos mediáticos. La de Julio García Espinosa el 13 de Abril de este año no generó tanto bullicio. García Espinosa fue el creador de obras como Lucia (1968), o Cierta Manera (1974), e importante teórico del cine, que en los libros describió cómo un cine imperfecto supo dar un marco intelectual a su visión político-social sobre el séptimo arte.

La misma suerte no corrió la actriz Carrie Fisher con su deceso. La icónica Princesa Leia de La Guerra de las Galaxias (Star Wars) expiró el martes 27 de diciembre y el hecho provocó enormes muestras de pesar a lo largo del planeta, producto de la enorme fama derivada de su participación en esta exitosa saga, que ni sus problemas de consumo de drogas pudieron disminuir su imagen artística.

La forma que es tan elusiva con algunos, como afectuosa con otros. Puede tocar por breve -algunos dicen 5 minutos-, a figuras que brillan de una manera tan espectacular que suele carbonizar. En la cinematósfera criolla los hay que tras un par de películas se creen hermanos de Marlon Brando o Greta Garbo.

En el mismo momento en que accedes al fulgor de este estado has firmado un contrato de cesión de todos tus derechos de intimidad o privacidad, pues te guste o no, la prensa farandulera y la no tanto, airearán hasta el más mínimo de tus deslices sin la menor piedad. Los paparazis y cronistas de farándula son lo más parecido a un tiburón, y cuando huelen sangre, no pararán hasta encontrar al herido y despedazarlo.

El viacrucis de Brad Pitt y Angelina Jolie durará un buen rato si estamos conscientes de que involucra gente famosa, matrimonio e hijos, adobado con acusaciones de maltrato infantil y daño sicológico, lo que le da un cierto parecido con el caso de Woody Allen y Mia Farrow, en versión menos tremendista.

La juventud de nuestro medio cinematográfico todavía no ha alcanzado un gran desarrollo industrial, ni tenemos figuras de tal magnitud para crear esos conflictos galácticos. Aquí la cosa se reduce a chismes de actores resentidos con críticos o periodistas por éstas o aquellas palabras. A lo más grave que hemos llegado es a cruces de acusaciones sobre honorarios.

¿Cronopios o famas del cine?

El espumante orgullo se infla como el pavo real, construyendo un muro entre el realizador, el actor adulado, el público y los críticos o analistas. La opinión sobre un filme se convierte en algo personal, creando una separación viciosa y artificial, típica de los espacios pequeños y un síntoma muy claro del tamaño de nuestra industria.

El “star system” se construyó como un acuerdo entre las partes que eran las compañías productoras, las figuras o estrellas y la prensa. Todo era manejado en las sombras, lavando los trapos sucios en casa. Y aunque hoy el desarrollo de los medios de comunicación es enorme, las cosas no han cambiado, usted solo sabrá lo que a las compañías les interese dejarle saber sobre sus figuras.

En Hollywood usted vale tanto como las ganancias que produzca, y por el respeto a las reglas no escritas, pues las dos cosas son equivalentes. Ser famoso implica cumplir menos reglas que los humanos comunes y corrientes, pero todo tiene su límite y algunos no deben cruzarse. Estrellas y críticos deben tolerarse en nombre del negocio, que es lo único que está por encima del bien y del mal.

La era del glamur clásico y el talento actoral a secas ha evolucionado hacia una arquitectura de la fama como nunca la habíamos visto, y es preciso olvidarse, en el caso de las grandes industrias fílmicas, de carreras construidas a base de aquel rigor y entrar en la viralidad digital, esa que hasta elige presidentes.

Al final tenemos que aceptar la existencia de diferentes niveles de popularidad, en los cuales el talento a veces es lo de menos, pues no es lo mismo actores y directores europeos o norteamericanos que latinoamericanos o africanos. Aunque muchos no quieran enterarse aún, hoy día la fama depende de presupuestos, campañas mercadológicas, relaciones costo-beneficio y tamaño de mercados. Tan simple como eso.

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