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Cine, identidad local y valores universales.

Por   /  27 Diciembre, 2016  /  No hay Comentarios

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CINE, IDENTIDAD LOCAL Y VALORES UNIVERSALES.

Son muchas las veces que tenemos que oír la cantaleta de que debemos producir un cine para ser entendido en el extranjero universalizando las historias, en el supuesto, a mi parecer equivocado, de una pretendida vía de clarificación de los significados para los espectadores de otras culturas.

El camino para penetrar en los gustos de otros públicos, si hacemos casos a estos sabihondos, es realizar película con algún toque exótico pero con las tramas usuales en las producciones internacionales, que son enredos amorosos, narcotráfico, extraterrestres, princesas, dragones y una larga lista de elementos reconocibles en todos los confines de la tierra.  

Parece que el concepto de “marca país”  no ha sido correctamente asimilado por parte de algunos productores, pues una película no es un anuncio publicitario de hora y media o dos horas, ni un catálogo de la visión populista de nuestra cultura. Es dudoso que las audiencias fuera del país tengan algún grado de empatía con productos industriales de ese tipo.

A juzgar por el poco éxito que han tenido en festivales o premiaciones estas producciones, algo debería indicarnos que ese es un mal camino, o más bien, un atajo hacia la intrascendencia o el olvido. No basta con gastarse una fortuna, darle los papeles principales a figuras faranduleras o a algún amiguete, para ser tomados en cuenta por quienes compran las taquillas.

La receta no es hacer un cine descafeinado, entendible en todos los rincones, pues eso es más de lo mismo. El secreto son las historias locales, los dramas únicos que pueblan cada rincón, cada montaña o casa de este país. Esa es la fórmula para capturar la imaginación de los habitantes de Europa, Asia y del resto del mundo.

HISTORIAS LOCALES, TEMAS UNIVERSALES

¿Cuáles han sido las películas que han impactado fuera del país? Si nos adentramos en el tiempo, diría que la pionera fue Pasaje de Ida (1988) de Agliberto Meléndez, la tragedia de un grupo de polizontes, que buscando emigrar de nuestro país, encontraron la muerte en el tanque de lastre de un barco. Nada más local y más universal que el trauma de la emigración y los sufrimientos que desencadena.

El documental Caribbean Fantasy acaba de ganar el premio Coral en la versión 38 del Festival Internacional del Nuevo Cine de La Habana en la categoría de Corto Documental, y si miramos este filme de Johanné Gómez nos conmueve esta exploración de la interioridad dolorosa y pobreza de dos seres, Rudy y la Morena, ignorados aunque  viven muy cerca de nosotros, en las riveras el rio Ozama.

¿Son las cárceles dominicanas atractivas como para extraer historias y concitar la atención de festivales o de los espectadores foráneos? Pues sí. Y ese tema ha llamado la atención del Festival Sundance por lo que ha seleccionado Carpinteros de José María Cabral para ser exhibida dentro de ese importante escaparate. Una muestra de que esas historias no tan glamorosas ni tan obvias pueden interesar en el exterior.

Ni los grandes temas, las superproducciones de capital foráneo o introducir formulas que han funcionado en otras partes, garantizan la hechura de un producto digno, técnicamente hablando. El cine dominicano está en una etapa de ensayo y error de donde saldrán las obras que pavimentarán el camino a una vía propia de hacer y decir las cosas.

Una nota al margen sobre la que se debe volver una y otra vez, tomando en cuenta la amnesia parcial padecida por diversos sectores de nuestra cinematografía, argumentando su juventud. Eso no es excusa para la pereza mental y estética de los creadores fílmicos, los cuales se repiten hasta el infinito, haciendome recordar al maestro francés Robert Bresson: “X muestra su gran necedad cuando dice que para llegar a la masa no se necesita arte ninguno”.

ENTRE CORTOS Y DOCUMENTALES

Como indican las mediciones de audiencia dadas a conocer por DEGCINE, el público prefiere las películas dominicanas a las extranjeras, pero eso no es patente de corso para olvidar que esas gentes se pueden cansar y hacernos volver a padecer la sequía de imágenes nacionales en las pantallas. 

Si obras como Nana, Caribbean Fantasy o Si Dios Quiere Yuli, atraen la atención tanto aquí como en el exterior, no es por complacencia, pues el documental es un género -por lo menos en el país- de no tan fácil salida comercial. En ellas se conjugan una bien expuesta temática de corte humano, una factura técnica adecuada y un discurso sobre las realidades sociales, que atraen y convencen.  

Asistir a las muestras de cortos como el Screening de Actores y más, es encontrarse con atractivos como Swingers de Aulio Iván o Concha de Joseph Hamilton, descubrir jóvenes actores, actrices, directores y guionistas con la suficiente calidad y talento para acceder a lugares más visibles del proyecto industrial cinematográfico dominicano.  

La búsqueda de la conexión con los mercados externos no se logra copiando los modelos al uso, calcando temas y tramas ni vendiendo películas como vegetales o bellas postales turísticas. Se atrae la atención a base de honestidad discursiva, calidad estética y estrategias mercadológicas. 

Los filmes dominicanos que golpean las mentes y los corazones del público internacional son los que retratan las historias particulares y propias de la realidad social de una comunidad, la cual, sin ocultar sus carencias, realza su identidad con imágenes que no traicionan sus convicciones propias y mucho menos las de su cultura.  

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  • Publicado: 6 meses 27 Diciembre, 2016
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  • Ultima Modificación: Diciembre 27, 2016 @ 2:36 am
  • Categorias: Cine

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