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Azul magia, una película dominicanisima

Por   /  16 Enero, 2017  /  No hay Comentarios

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Entra el 2017 en República Dominicana y se abre el telón del cine con una película rarísima, -según dicen sus propios creadores-: Azul Magia.

Ya sea por su larga trayectoria de desarrollo, algo no tan usual en la práctica cinematográfica criolla de estos días, o por la honestidad estética de un proyecto trabajado sin tanto ruido publicitario, la película es diferente.

El Colectivo Mentes Fritas se une a Purpleline Productions, a Producciones Coral y a Imakonos Films, para entregarnos una obra que no se parece en nada a lo que hemos podido acceder en estas salas tropicales, pues su temática se aleja del predominio urbano que nos caracteriza y de las líneas típicas del guiño a las modas del exterior.

Azul Magia es una historia cercana a la fábula, en la que Moisés, un joven que habita con su madre en una región de difícil acceso en nuestra isla, parte a las montañas buscando la cura de la enfermedad de su progenitora. En su camino se encuentra con Bel, una muchacha extraña de cabellos azules que lo ayudará en su búsqueda pero que también le acercará a mundos extraños y aventuras peligrosas.

La película es dirigida por Yoel Morales, con el guión de Cristian Mejía y la actuación de Esmailyn Morel, Mario Núñez, Marselle Jiménez, Lucas Marte y Ruth Emeterio. Una sinergia entre actores jóvenes y veteranos que nos sacan del tedioso esfuerzo de ver las mismas caras con los mismos temas,  por lo cual agradecemos a las Mentes Fritas su esfuerzo  imaginativo.

Las primeras noticias de este filme nos abrieron el apetito con unas fotos del rodaje y un tráiler que mantenía el misterio, pero dándonos pistas de lo que se cocinaba en las salas de montaje. Esa estrategia, de despertar el interés sin saturar al público ni terminar desvelando el tema, es la correcta.

MAGIA, REALIDAD E HISTORIA

El guionista Mojica acude a la historia, a la cuentística popular, a la religiosidad y a la topografía, para construir un relato desde las entrañas de la identidad dominicana y caribeña. Uno se alegra de oír en una sala a dominicanos hablar como dominicanos, a campesinos expresarse sin ese envaramiento teatral tan ridículo que le resta verosimilitud y conexión a muchas películas locales.

La combinación de todos esos elementos, que de por sí es rarísima en nuestras películas, más la inteligente descripción de costumbres, no solo comprensibles para quienes han experimentado vivir en el campo, la hace más real y natural. Es certero el ojo del guionista al presentarnos comportamientos de habitantes en lugares que no disfrutan de las comodidades más usuales  de sus pares en las urbes quisqueyanas.

Morales, como director, conduce al colectivo actoral con un sistema de pesos  y contrapesos, distribuyendo el protagonismo en el tema, pues la película va de Moisés (Esmailyn Morel) a su madre (Ruth Emeterio); de Bel (Marselle Jiménez) al Campesino Gruñón (Mario Núñez), al amigo Luca o al Montro Acosador sin perder el hilo de la trama. Todos los personajes tienen su función, no tenemos excesos de ellos y nada sobra en un minimalismo dramático muy bien llevado.

Si bien  esa distribución recae en los personajes antes mencionados, quienes se desenvuelven con eficiencia, es la presencia de La Madre la que llena la escena cuando aparece. La Emeterio es una actriz de tal fuerza que cuando entra a cuadro o ejecuta sus diálogos,  simplemente eclipsa al resto. Y la Anciana Bruja o hacedora de pócimas, aunque aparece en contadas ocasiones, tiene gran presencia también.

FACTURA ESTÉTICA

Francis Adamez sigue confirmando que es uno de los mejores directores de fotografía criollos y el trabajo en Azul Magia da fe de ello .  Su reconocida factura técnica está unida a una sensibilidad para el manejo de paisajes, luz y ambientes muy particulares de nuestra isla. Y como heredero de un realismo fantástico en la imagen, Francis ha agregado un esfuerzo valioso para ser parte importante de la estética del filme.

Las animaciones que abren el relato, diseñadas por Moro Estudio son esenciales para explicar la génesis de la historia y sitúan a la película dentro de un marco fantástico, nos dan los antecedentes y preparan el despegue de las acciones con la información justa, sin abrumarnos ni aburrirnos.

El ambiente de fábula se sostiene por el uso adecuado de los efectos que aportan su cuota de irrealidad  sin avasallar la narración, uniéndose al crisol étnico de los componentes esenciales que conforman esta fragmentada identidad llena de mitos tainos, africanos y españoles; de brujería, Bacases y Ciguapas, agregándose los elementos extraterrestres que Azul Magia integra armoniosamente.

Tiziano Fajardo y Maryam De Soto aportan una música minimalista, como muchos de los elementos de esta película rarísima, usándola donde ha sido necesario y con la justificación dramática de lugar. Destacable es también el diseño de maquillaje de Ana María Andrickson, eficaz e imperceptible como debe ser, porque un campesino o un guerrero no puede andar como si fuesen a una recepción en el medio de un monte.

Más que adecuado el trabajo de Ezequiel Reyna en el diseño artístico , al igual que el vestuario elaborado por Yonathan Sánchez,  quienes haciendo uso de una de una mínima cantidad de recursos, se auxilian de la mismísima naturaleza para dar el tono mágico-realista exacto. El montaje es impecable salvo en algunos momentos que notamos una cierta ralentización del ritmo.

Esta película se mueve de manera que abre una historia dividida en tres partes y va cerrando ciclos mientras se acerca a su conclusión. Guionista y director han sabido no dejar cabos sueltos ni situaciones difusas que entorpezcan la solidez dramática ni la conclusión de la misma.

Azul Magia representa una vía diferente de aproximación a la cultura dominicana en la forma de abordar su riqueza expresiva a partir de la variedad y complejidad de los elementos que la componen. Yoel Morales y las Mentes Fritas nos entregan una obra, que si bien no es completamente redonda, se distingue por la calidad de su factura y una honestidad estética indudable.

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