Cargando...
Tu estas aquí:  Portada  >  Cine  >  Artículo

Fallas estructurales en la construcción fílmica

Por   /  25 Febrero, 2017  /  2 Comentarios

    Imprimir       Email

La diferencias entre una obra maestra, sobresaliente o fallida, pueden encontrarse en las estructuras dramáticas de una película sin un gran esfuerzo, escondidas entre diálogos, personajes o escenas. En todo caso, son fallas o aciertos de origen que los cineastas, teóricamente, estarían a tiempo de corregir.

Ni la tozudez o las prisas pueden ser justificaciones que lleven a pasar por alto las inconsistencias que lastran los contenidos y que dirigen el desarrollo de una película, hasta terminar en el callejón sin salida de la indiferencia del público y la abominación de los críticos. Se subestima con demasiada frecuencia la inteligencia de los espectadores y se apuesta a que la mayor parte de ellos no se percate de las carencias rítmicas o guionísticas.

Se juzga al filme por los resultados en pantalla y no por las intenciones de lo que se debió, se quiso o se pudo hacer. Eso puede bastar para tranquilizar la conciencia del realizador, pero no para alguien que se ha movido de la comodidad de su casa a disfrutar de una obra en la cual se le prometió disfrute y evasión, que lo han sacado de una realidad que no lo satisfacía, y al final, no se le cumplió. Ese espectador no entenderá justificaciones de ningún tipo.

Lo que no convence en una sala oscura poblada de fantasmas atrapados en las butacas de una sala de cine, no podrá ser explicado con palabras escritas ni en conversaciones con luces naturales o artificiales. En esa oscuridad, el cineasta ha tenido todo a su favor para embrujar con los cantos de sirena de sus historias, y si no ha podido hacerlo, nada lo absolverá de su condena.

Este no es un defecto atribuible a las películas nacionales o regionales, su extensión es como las plagas que cubren el mundo entero, sin excepciones. Hollywood, el cine europeo, no se libran de esta maldición que no depende de grandes presupuestos ni de genialidades propagandísticas, sino de hacer la tarea, de aplicarse en su naturaleza técnico-artística.

NOS SOBRA TIEMPO

Se sufre  una incómoda sensación cuando estamos disfrutando de una película interesante que atrapa nuestra atención y sentidos, y de repente, vamos cayendo en una modorra que nos saca de ese universo y nos pone a divagar por otros mundos. En ese momento se ha perdido el favor de los dioses y caemos en la realidad, sin posibilidades de volvernos a enganchar en el tren narrativo, porque ya no se puede.

Es cierto que todos o casi todos los directores quieren hacer un largometraje, y que para completarlo se necesita una cantidad de páginas en el guion que se traducen en minutos de duración. Pero si tenemos 45 minutos geniales, para qué agregar 10 que lo único que aportan es tiempo pero arruinan el resultado final.

“El tiempo, el implacable/ el que pasó/ solo una huella imborrable nos dejó”… dice Pablo Milanés en una canción. Una verdad tan cierta como para aplicársela a muchas producciones cinematográficas que no entienden el axioma de que en cine, todo lo que sobra entorpece, ya sean diálogos, escenas o planos.

Lo dicho anteriormente funciona para describir las películas en las cuales existe una cierta continuidad temporal y estilística rota por los excesos. Pero aún se pueden cometer crímenes de lesa cinematografía disgregando la narración, al introducir un material que en apariencia se conecta con el tema, pero solo es un atajo para adicionar tiempo. ¿Consecuencias? Todo se viene abajo, pues le han puesto un piso de sobra al edificio.

Una enorme cantidad de cineastas pueden articular inicios espectaculares, desarrollos de conflictos de manera inigualable y aún preparar la narración para un desenlace que corone la historia… pero al final, lo que tenemos es una catástrofe de proporciones épicas. ¿Por qué? Cualquiera despega una nave, pero no necesariamente tiene la habilidad de aterrizarla.

¿EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS?

Una película puede sobrevivir a un principio tambaleante y remontar hasta terminar de manera sobresaliente, pero es un caso imposible cuando el bajón narrativo ocurre después de tres cuartos de guión o a corta distancia del final. Esto se produce porque hemos dinamitado la suspensión de la credibilidad, principio fundamental del cine, lo que hace imposible recuperar la atención perdida.

¿Cómo se evita semejante naufragio? Solemos poner bastante atención a edificar un principio, un desarrollo y un final, aunque se hace más énfasis en el primero y el último, de ahí que la parte del desarrollo sea la menos trabajada. Cuando venimos a darnos cuenta, el tiempo se nos viene encima y presentamos un flojo desarrollo con la esperanza de corregir el desbalance en el proceso de hechura, lo que no siempre se logra.

Existe en el cine de hoy un abundante catálogo de guiones imprecisos y con grandes huecos en su estructura, que suelen ser tapados, o se intenta hacerlo, con una dosis de acción o hechos intrascendentes que le hacen un mal mayor al resultar imposible articularlos de manera creíble en el contexto general de la historia, con la consabida confusión del espectador. 

Frente a historias redondas con personajes definidos, como Manchester By The Sea, o aquellas que apelan a las bondades de géneros establecidos, como La La Land -aunque esta última es mucho menos redonda-, se asoman otras que nos dejan tirados a mitad de camino por su desbalance narrativo, y en los casos más extremos lo hacen al final, arruinando todo el filme.

Las dudas que tenemos acerca de las flojeras estructurales de las historias y los guiones hacen que volvamos la vista a las películas bien construidas de ayer y hoy para darnos cuenta, que más que un problema de talento, estamos frente a una falta de rigor y organización para abordar la tarea de edificar la compleja arquitectura narrativa cinematográfica. 

    Imprimir       Email
  • Publicado: 10 meses 25 Febrero, 2017
  • Por:
  • Ultima Modificación: Marzo 1, 2017 @ 1:13 pm
  • Categorias: Cine
  • Etiquetado con:
  • virginia

    Todo eso se corrige estudiando guion. Simple

    • Ariel Vargas

      No es tan simple. Cualquiera puede coger un lápiz y aprender a leer y escribir, pero no por eso saber escribir poemas preciosos.

Puede que te guste también...

Colao, mercadeo y publicidad de una pelicula dominicana.

Leer Más →
A %d blogueros les gusta esto: