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Sara Pérez: Un responso por Adriano Román

Por   /  26 Abril, 2017  /  No hay Comentarios

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Me cuentan que murió Adriano Román, el tipo millonario de Santiago que, entre otras acciones y amparado en su fortuna, en la inoperancia de la justicia y en la condescendencia con que la sociedad digiere las atrocidades de sus desechos sociales (si éstos tienen cuartos) torturó, violó, golpeó a quien era su esposa y madre de sus hijos ( posteriormente la mandó a matar, pero el sicario, por casualidad, falló).

Adriano Román también agredió a un hermano y lo mutiló, enchumbándolo con “ácido del Diablo”; mandó a incendiar unos inmuebles de su propiedad, para amedrentar a los inquilinos con quienes tenía un contrato que él se negaba a cumplir y hace algunos años mandó a matar al abogado Jordy Veras, porque éste ganó en los tribunales el caso de la ex esposade Román, que sobrevivió al intento de asesinato ordenado por Román…

Jordy Veras, hijo del doctor Ramón Antonio Veras, es otro que sobrevivió -de chepa- a las balas que se le incrustaron en la cabeza, haciendo que el joven abogado perdiera un ojo y destruyendo parte de la estructura interna de su boca y de la nariz.

Acusado por éste último crimen, réquete probados los hechos y tras un embrolladísimo y prolongado proceso, en el que hicieron de todo para disfrutar una vez más de su impunidad, Román fue finalmente condenado a una estadía en la cárcel y al pago de un indemnización. Pasó los últimos años tratando de evadir esas condenas. Y lo consiguió en cierta medida.

A pesar de estar “recluido” en la cárcel de Rafey, en Santiago, en realidad no era un preso dentro de la misma, sino que ésta fungía como un castillo de la Edad Media, con Román como su señor feudal, donde hasta las cucarachas y ratones se doblaban en ocho, en genuflexiones, cuando Román ladraba alguna orden.

Los oficiales de la policía que debían custodiar al prisionero (según lo que se alcanzaba de ver hasta de lejos durante el juicio) parecían tan obsequiosos como conejitas de Playboy, portando bandejas con las demandas de su patrón y cliente estrella. Creo que en los últimos días que estuvo en la cárcel, Román los dedicó a diseñar él mismo, el uniforme de Ama de llaves que iba a ponerle al director de ese recinto penitenciario.

En esta aciaga hora en que La Parca ha decidido visitar a Román, vayan mis más sentidas condolencias para todos los sirvientes que este prohombre VIP tenía en Rafey, a todos los policías, jueces, periodistas y abogados que perdieron su mecenas y que debían estar con ataques.

También vayan las condolencias para esos otros (que están por encima de esos oficiales policíacos convertidos en servidumbre, de los periodistas de alquiler, de los jueces sobornados y de los abogados sin escrúpulos) y que son los verdaderos responsables de que personajes como Román puedan repetir sus crímenes y de que solo haya un asomo de freno, cuando esos constructores y garantes de la impunidad conceden una pizca de justicia, como un favor excepcional y no como una regla común.

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