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Negar el cambio climático es una pseudociencia conspirativa

Por   /  11 Agosto, 2017  /  No hay Comentarios

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Por José Pedro Pascual
Vivimos en una época en la que las pseudociencias o las llamadas teorías de la conspiración o simplemente conspiraciones, están a la orden del día, sobre todo gracias a la difusión de internet las conspiraciones y las pseudociencias han florecido y son adoptadas por cada vez más gente. Hay gente que cree cualquier cosa que lee en internet, incluso cree que la Tierra es plana. Recientemente hemos visto morir a un niño por no estar vacunado, otro niño diabético fue hospitalizado por tomar insulina homeopática.
Negar el cambio climático es una pseudociencia conspirativa
¿Qué es lo que hace que tanta gente crea en pseudociencias y en conspiraciones? Es una pregunta que debe responder la psicología o la sociología. Puede ser tan sencillo como la estima social, que todos buscamos. En general, nos gusta tener secretos, saber cosas que los demás no saben, sentirnos parte de un grupo selecto que conoce la verdad. Los chismes y cotilleos no son más que eso. Si, además, nuestros secretos desvelan los tejemanejes de los poderosos, si explican por qué somos unos títeres y cómo podemos salir de la esclavitud para tomar las riendas de nuestro destino, resulta que las conspiranoias (de la unión de conspiración y paranoia) no sólo son atractivas sino prácticamente inevitables.
Estos son los ejemplos de cuatro conspiraciones muy populares:
Nunca fuimos a la Luna 
El cambio climático no existe
Las vacunas son perjudiciales (en especial, la relación entre la vacuna triple vírica y el autismo)
La cura contra el cáncer (existe pero no lo usan porque es más rentable vendernos los paliativos)
La triste realidad, es que parece haber personas tan ideológicamente involucradas en una creencia, que el razonamiento no conseguirá hacerles cambiar, ya que tienen unas convicciones impermeables a las intrusiones de la realidad. En esos casos, es altamente improbable que una sencilla demostración matemática sobre la inviabilidad de su creencia logre cambiar sus puntos de vista. Para los menos involucrados, sin embargo, una intervención así podría resultar útil.

La negación del cambio climático

La negación es la primera etapa psicológica por la que pasa el ser humano cuando se le da una mala noticia. Después la mala noticia se asume y se toman medidas para paliarla, pero parece que hay personas que se quedan ancladas en esta primera etapa de negación y no son capaces de evolucionar y salir de ella.
Negar lo que es evidente es un signo de la ceguera de nuestra cultura. Negar actualmente que existe el cambio climático ocasionado por el hombre, es como negar que un virus causa el SIDA o que el tabaco produce cáncer. Estos negacionismos que afectan a la medicina son considerados pseudociencias, con mayor razón el negacionismo del cambio climático antropogénico debe considerarse una pseudociencia, ya que afecta a casi todas las ciencias naturales de tipo empírico. Así como resulta indiscutible que mueren muchos millones de personas en el mundo por el virus del SIDA y por el cáncer producido por el tabaco, lo mismo podría llegar a ocurrir si se continúan negando los peligros que entraña el cambio climático antropogénico (ocasionado por el hombre). Sin embargo, mientras los otros negacionismos están en retirada, el negacionismo del cambio climático es una nueva pseudociencia o teoría de la conspiración que está en pleno auge y sus consecuencias pueden ser muy peligrosas. ¿Habrá que esperar tantas o más muertes para que los nuevos negacionistas se batan en retirada?
Una pseudociencia es un conjunto de supuestos conocimientos que se presentan como científicos, pero en realidad son creencias y prácticas que pretenden ser ciencia sin serlo, ya que no cumplen con los requisitos básicos del método científico. Existen una serie de criterios de demarcación entre ciencia y pseudociencia. Estos criterios son muy variados y la mayoría no se cumplen en esta pseudociencia.
Así, los negacionistas del cambio climático, no muestran que el campo propio sea difícil de comprender, no avanzan proponiendo y resolviendo problemas, no acogen bien las nuevas ideas y métodos, no proponen ni ensayan nuevas hipótesis, no intentan encontrar leyes, no aprecian la unidad de la ciencia, no confían en la lógica, no usan las matemáticas, no atienden a los contraejemplos, no aplican procedimientos objetivos de control, no favorecen los contactos estrecho con otros campos, no zanjan las disputas mediante el experimento, no actualizan la propia información, no solicitan comentarios críticos de otros colegas, etcétera. El negacionismo del cambio climático constituye una nueva pseudociencia porque los conocimientos científicos afectados son relativamente recientes. El calentamiento climático fue desencadenado por la superpoblación y, especialmente, por los gases de efecto invernadero emitidos por la quema de los combustibles fósiles desde la revolución industrial, pero sus catastróficas consecuencias han preocupado sólo en las últimas décadas.
Los negacionistas acusan a los científicos de mentir, cuando son ellos los que suelen manipular y sacar de contexto los datos científicos para apoyar sus opiniones. La ciencia, es esencialmente verdad y la mayoría de los científicos ponen en práctica el realismo epistemológico. La ciencia no es dogmática ni en sus datos ni en sus teorías. Existen hipótesis e interpretaciones que se discuten continuamente, así se construyen teorías que pueden llegar a ser cambiadas si se aportan nuevos datos, pero no con nuevas opiniones como las de los negacionistas que no tienen fundamento científico.
Las teorías tienen mucho más valor del que los pseudocientíficos les atribuyen, que las suelen considerar como meras hipótesis para así atacarlas más fácilmente. El cambio climático antropogénico es un hecho y una teoría con tal cantidad de evidencias que lo más lógico es aceptarla como cierta. La ciencia se basa en el método científico y no en la fe como ocurre en las religiones, luego las teorías científicas no están para creer o no creer en ellas, sino que deben ser aceptadas por los que no son expertos y pueden ser cuestionadas por los científicos especialistas en ellas.
El llamado negacionismo no es ciencia, sino una ideología económica y política basada en una pseudociencia, porque niega sin fundamento el hecho del cambio climático para justificar un modelo de sistema económico depredador de la naturaleza y del medio ambiente. Se niegan a tomar medidas que serían costosas y que han de ser colectivas y globales, pues de nada sirve que una persona, una población o una nación las tome aisladamente. Esto supone un mayor peso de los estados y un recorte de la “libertad” individual de gastar y contaminar sin límites. Esta pseudociencia está fomentada principalmente por grandes empresas petroleras, industriales y por grupos de presión neoliberales defensores a ultranza del mercado libre. Por tanto, el negacionismo del cambio climático tiene un trasfondo económico y político más que científico.

El consenso científico y político

Cualquier negacionismo se puede definir como el empleo de argumentos retóricos para dar la apariencia de un legítimo debate, pretendiendo rechazar una teoría sobre la que existe consenso científico. Los científicos se reúnen en congresos para discutir los datos y las interpretaciones, no se suele votar para llegar a un consenso, pero en el caso del cambio climático se ha llegado a un gran consenso de que hay un calentamiento global que está producido por el hombre. Sin embargo, todas las teorías científicas tienen algunos científicos escépticos que las cuestionan, algunos logran así hacer avanzar la ciencia, pero otros no son buenos científicos porque no interpretan los datos plausiblemente y están equivocados.
Incluso algunos pueden manipular datos, hacer ciencia patológica e incluso pseudociencia, porque los científicos también son humanos, pero estos casos son la rara excepción y no la regla.
En ciencia se habla de consenso cuando las teorías son aceptadas por la inmensa mayoría de los científicos, lo cual se puede apreciar en los artículos publicados en revistas de prestigio. El cambio climático ha alcanzado el rango de teoría bien establecida y los peligros han sido puestos de manifiesto por muchos científicos. La ONU creó un grupo (panel) constituido por más de 2000 expertos científicos de distintas disciplinas y países. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) fue formado para realizar evaluaciones periódicas cada 5 o 6 años sobre el fenómeno del cambio climático, asesorando sobre las metodologías a seguir para la realización de inventarios nacionales de gases de efecto invernadero.
El consenso por votación es algo de tipo político más que científico y, en este caso, el consenso es muy necesario para tomar medidas para mitigar los efectos del cambio climático.

Los datos científicos básicos resumidos

Las consecuencias de los gases de efecto invernadero se conocen desde 1894, cuando el geólogo sueco Arvid F. Högbom proponía que el aumento de la temperatura global estaba relacionado con el aumento del dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera. En 1896 otro científico sueco, Svante Arrhenius, llegó a la misma conclusión. En 1938 el ingeniero británico, Guy S. Callendar publicó un trabajo científico en el que concluía que el mundo se estaba calentando debido a la combustión acelerada de carbón y otros combustibles fósiles.
Desde mediados del siglo XX muchos artículos científicos sobre el cambio climático han sido publicados en revistas científicas, sufriendo un riguroso proceso de revisión por pares. Otros estudios han demostrado, que en este tipo de revistas no hay prácticamente artículos que nieguen el cambio climático antropogénico. Muchas veces los propios negacionistas incluyen algunos artículos de estas revistas como argumentos para su negación, pero la lectura detallada de dichos artículos nunca contradice las tesis principales del calentamiento global, simplemente llegan a conclusiones erróneas al no incluir toda la información de la que se dispone.
Un ejemplo muy visual de esto, es cuando publican a bombo y platillo estudios científicos serios que indican que ciertos glaciares avanzan o ganan hielo como su “refutación definitiva” del calentamiento global y no tienen en cuenta que en regiones muy frías un calentamiento supone un aumento de la humedad y por tanto de las precipitaciones de nieve que en última instancia pueden hacer ganar masa de hielo a algunos glaciares.
Los cambios de temperatura global a lo largo de la historia geológica han estado desencadenados principalmente por los gases de efecto invernadero. Sobre todo por el dióxido de carbono y el metano, si bien normalmente los máximos cíclicos de radiación solar y, en algunos momentos, el vulcanismo intensivo y los impactos de grandes meteoritos también influyeron en el clima. Ahora bien, en el corto evento actual no hay evidencias de que estas causas geológicas y extraterrestres hayan generado el calentamiento global. Últimamente los gases de efecto invernadero (principalmente dióxido de carbono CO2, metano CH4, óxido de nitrógeno N2O, clorofluorocarburos CFC y hexafluoruro de azufre SF6), se han ido acumulando en la atmósfera, principalmente el dióxido de carbono, produciendo un aumento global de temperatura y consecuentemente muchos efectos perniciosos.
Los numerosos datos científicos han puesto de manifiesto un hecho muy bien documentado, que desde mediados del siglo XX la temperatura media de la Tierra ha aumentado globalmente. En los polos la temperatura ha aumentado mucho y allí se están fundiendo enormes cantidades de hielo. Si eliminamos el efecto de los gases de invernadero no hay forma de explicar el calentamiento observado. Si los negacionistas dicen que no son los gases de invernadero deben proponer una hipótesis alternativa, pues la ciencia siempre debe proponer hipótesis sobre hechos observados. Ante este panorama siempre acaban proponiendo al sol, cuando en realidad la constante solar está disminuyendo o simplemente ocultan o niegan los hechos observados, es decir, el calentamiento.
A lo largo de los tiempos geológicos la temperatura ha ido cambiando principalmente a medida que lo hacía la concentración de CO2 en la atmósfera. Durante el último millón de años la temperatura ha cambiado mucho debido a la concentración de CO2, alternándose periodos glaciares e interglaciares. En los últimos 650.000 años, durante los periodos en que aumentó la temperatura la concentración de CO2 nunca superó las 300 partes por millón (ppm), sin embargo, se derritieron los glaciares y el nivel del mar osciló más de un centenar de metros. Antes de la revolución industrial la concentración de CO2 era de 280 ppm y actualmente es superior a 400 ppm. Como los procesos geológicos son lentos y existe un desfase entre la acumulación de gases de efecto invernadero y la subida de la temperatura, es evidente que la enorme cantidad de CO2 ya acumulado producirá una elevación de la temperatura global de varios grados. Una de las peores consecuencias es la paulatina fusión de los glaciares y la consiguiente subida de muchos metros del nivel del mar.
Dada la superpoblación de la Tierra y, sobre todo, los millones de personas que viven al nivel del mar, la catástrofe que se avecina, si no se toman medidas urgentemente, sería la mayor a la que se ha enfrentado la humanidad. La subida del nivel del mar no ha hecho más que empezar.
La mayoría de los glaciares se están derritiendo y el nivel del mar ya ha subido unos 18 centímetros en el pasado siglo XX. Esto supone sólo entre 1,5 y 2 mm/año, según los informes del IPCC, pero hay que tener en cuenta que la velocidad de subida ha sido mayor en los últimos años y que se está acelerando. Más de 3 mm después del año 2000 y 6 cm adicionales a los 18 cm anteriormente citados. Dado el desfase y el tiempo necesario que ha de transcurrir entre causas y efectos, la subida predicha por los modelos científicos para final de siglo es de unos dos metros, lo que bastaría para inundar muchas zonas que están superpobladas, causar grandes migraciones, crisis y guerras. Sin embargo, ésta subida podría ser menor si se toman medidas adecuadas o, por el contrario, mayor si no se toman medidas y se continúan acumulando más gases de efecto invernadero. El polo norte se está derritiendo muy rápidamente, si bien al ser hielo dentro del mar, el nivel de los océanos apenas sube, más que por efecto de la dilatación producido por el aumento de temperatura, lo cual podría suponer aproximadamente un metro. Sin embargo, muy cerca se encuentra situada Groenlandia, que se está derritiendo también muy rápidamente y resulta que, sólo con la fusión del hielo de Groenlandia el nivel del mar subiría unos 7 metros. Además, el aumento de la temperatura está ya fundiendo la capa de suelo permanentemente helado (permafrost) en la inmensa tundra ártica, empezando a liberar gran cantidad de metano, que agravará y acelerará el calentamiento climático. Otra consecuencia del calentamiento de los polos es que las masas de agua fría que ahora se sumergen en los fondos oceánicos disminuirán, pudiendo cambiar el sistema de corrientes marinas, calentando los fondos oceánicos y liberando los hidratos de metano allí acumulados. En definitiva, podría llegar a desencadenarse un evento hipertermal como el que se produjo hace 55 millones de años en el límite Paleoceno/ Eoceno.
El aumento de la temperatura permitirá extraer los hidrocarburos acumulados en el Ártico, se abrirán nuevas rutas de navegación más cortas, los países nórdicos tendrán temperaturas más benignas y podrán cultivar zonas ahora congeladas. Algunos ven estos hechos como algo positivo y evidentemente éstas son algunas ventajas, pero como contrapartida, estos cambios están produciendo la extinción de muchos animales y plantas, si bien aquellas especies que sobrevivan podrán evolucionar libremente una vez que se extinga la especie humana, o se colapse nuestra civilización, en la sexta extinción en masa en que estamos inmersos. El efecto combinado de la superpoblación humana y del aumento de temperatura, está dificultando la migración de muchas especies necesaria para mantener su temperatura de supervivencia. Por ejemplo, muchos organismos que viven en las montañas tienden a subir para mantener la temperatura, pero a medida que las especies alcanzan la cima se van extinguiendo.
A lo largo de la historia geológica nunca se había desencadenado un evento de extinción tan rápido como el actual, con excepción del que aconteció hace 65,5 millones de años, en el límite Cretácico/Terciario, cuando se extinguieron los dinosaurios y otros muchos organismos a causa del impacto de un enorme meteorito. En la actualidad es la tremenda proliferación de la especie humana la que ha desencadenado y está produciendo muchas extinciones. Esta sexta desde mediados del siglo XX muchos artículos científicos sobre el cambio climático, han sido publicados en revistas científicas, sufriendo un riguroso proceso de revisión por pares. La extinción en masa se desencadenó hace 150.000 años con la expansión del Homo sapiens por todo el mundo, aumentó con el desarrollo de la agricultura hace 10.000 años y se ha acelerado en los últimos siglos con la revolución industrial, la consiguiente quema de los combustibles fósiles y la deforestación. Los avances científicos han conseguido alimentar a la mayor parte de la población mundial, pero ¿por cuánto tiempo esto será posible? y ¿hasta qué punto el crecimiento de la población mundial es sostenible? Para dar respuesta a estas preguntas, téngase en cuenta que el mundo ha crecido últimamente en cerca de 100 millones de personas cada año, es decir lo equivalente a casi dos países como España.

El peligro del negacionismo

La estrategia común de los negacionistas es la minimización el cambio climático y hay negacionistas, incluso entre los científicos, que se niegan a tomar medidas. Los negacionistas acusan a los que no piensan como ellos de mentir, exagerar y crear alarmismo. Es verdad que algunos que no conocen bien los datos científicos, han podido exagerar algunos efectos del calentamiento climático, tales como el aumento de huracanes, inundaciones, sequías, etcétera.
En realidad, muchos de los desastres producidos por estos fenómenos atmosféricos están acrecentados por la superpoblación de áreas peligrosas que antes estaban poco pobladas o deshabitadas. Sin embargo, no se puede hablar de alarmismo, si se tiene en cuenta el proceso anteriormente explicado de superpoblación, quema de combustibles fósiles, emisión de gases de efecto invernadero, aumento global de temperatura, aumento del nivel del mar; así como, el desequilibrio que todo ello supone y que está produciendo la sexta extinción en masa. Al contrario, la mayoría de científicos, al investigar en parcelas muy especializadas, no han percibido aún el tremendo problema que supondrá la subida del nivel del mar, ni el gran evento de extinción que estamos causando. Los informes del IPCC han sido muy prudentes y ciertamente se han quedado cortos, dada la presión que soportan sus miembros. Por tanto, este problema aún preocupa poco a la población, a los medios de comunicación y menos aún a los políticos que son los que tienen que tomar las medidas.
Los países ricos han llegado a un grado de bienestar sin precedentes históricos, una de las principales razones es haber logrado sustituir gran parte de la mano de obra humana por máquinas que desarrollan mucho más trabajo en menos tiempo. Estas máquinas tienen un tremendo inconveniente: funcionan mayoritariamente quemando los combustibles fósiles, generando gases de efecto invernadero y produciendo el calentamiento global. Al final quien paga el derroche de la sociedad industrial de consumo es el medio ambiente, que se está deteriorando de una forma como nunca había ocurrido a lo largo de la historia geológica. Pero el medio ambiente a diferencia de los obreros, no hace “huelgas” y en su destrucción está basada gran parte de nuestra riqueza.
Dado que los recursos naturales no son inagotables y que el nivel de CO2 acumulado ya es suficiente para causar la gran catástrofe descrita, se trata de un problema cuya solución es más política que científica. Este es un problema que requiere unas medidas urgentes para alcanzar unos resultados a medio y largo plazo, pero los políticos suelen actuar a corto plazo pensando en las próximas elecciones. Además, el calentamiento climático es un fenómeno global, que necesita una solución y una autoridad global, pero que tienen que resolver los gobiernos que tienden a dar prioridad a los problemas locales. Por tanto, el problema es de muy difícil solución, pero los políticos han de implementar urgentemente muchas medidas, que detengan y disminuyan la acumulación de gases de efecto invernadero, que fomenten la investigación en fuentes de energía renovables no contaminantes, que impidan que las empresas destruyan el medio ambiente y que eviten que la población continúe creciendo y gastando de forma insostenible. Tanto los políticos como los religiosos no deben seguir fomentando la natalidad, especialmente peligroso es seguir invocando supuestas leyes divinas para seguir superpoblando la Tierra. En definitiva, el planeta no está al exclusivo servicio del hombre, la generación actual no puede agotar los recursos naturales y destruir el medio ambiente, creando un tremendo problema no sólo a nuestros tataranietos, sino incluso también a nuestros hijos.
En consecuencia, cuestionar que exista el calentamiento global antropogénico y sobre todo negarse a tomar medidas colectivas, como hacen los pseudocientíficos negacionistas, constituye una gran irresponsabilidad y un tremendo peligro.
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