Cargando...
Tu estas aquí:  Portada  >  Actualidad  >  Artículo

Oscar 2018, vuelta a una cierta estabilidad

Por   /  10 Marzo, 2018  /  No hay Comentarios

    Imprimir       Email

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Era de suponerse que el ambiente de crispación mediática y política en que se encuentra Hollywood pudiera reflejarse en el evento con que se premia los logros de todo un año de trabajo en la industria del cine. Sin embargo, ni los militantes de hueso colorado ni los conservadores tienen mucho de donde regocijarse, porque a pesar de ciertos guiños a situaciones que todos conocemos, todo resultó ser de una tranquilidad inesperada.         

Un  2017 salpicado de acusaciones de acoso, la elección de Donald Trump y el reflujo de la campaña de los Oscares muy blancos (Oscar So White), preludiaba algo parecido a aquellos actos de masas organizados por tele evangelistas o políticos populistas. Pero se debe saber que el stablishment no se suicida, y no es cierto que los magnates de la fábrica de los sueños van a sacrificar sus ganancias por ninguna causa social, por más razón que esta tenga. 

Al fin y al cabo, el Oscar es un premio, pero el arte no se define por las distinciones, los homenajes o los concursos. Un premio es el producto del juicio o del prejuicio de un individuo o un grupo de ellos, que a su vez son el reflejo de los intereses de aquellos que lo patrocinan, y aunque suene a Perogrullo, esos intereses coinciden menos con el arte que con los de las finanzas.

La marea ha comenzado a bajar, pero por más que usted vea a Gael García Bernal cantando, a Eugenio Derbez haciendo un chiste sobre el muro, del que nadie se rió, u oiga las sentidas palabras de Frances McDormand pidiendo inclusión, o incluso se emocione al ver a Guillermo Del Toro recibir el Oscar a Mejor Director, o a Jordan Peele recibiendo un premio,  eso no es indicador de mejoría en la valoración de ciertos grupos.

Si bien es cierto que a los latinoamericanos o a los latinos nos va cada vez mejor, ya que Chile se alzó con la distinción a Mejor Película Extranjera, que el tema de Coco estuvo inspirado en México, y a Rita Moreno y Salma Hayek que hicieron de presentadoras de la gala, no nos engañemos, que eso no es sensibilidad sino mercadeo.

Y EL OSCAR VA A… (AND THE OSCAR GOES TO…)

La flojera en la calidad promedio de las nominadas este año se refleja en que al lado de películas como Tres Anuncios en las Afueras (Three Bilboards Outside Ebbing Missouri), Las Horas Más Oscuras (Darkest Hour) y las monstruosas actuaciones de Gary Oldman o Frances McDormand, tenemos otras tan linditas y políticamente correctas como Call Me By Your Name, Lady Bird o The Square.

Si nos ponemos precisos y apelamos al rigor, nadie en su sano juicio y con conocimiento del lenguaje del cine, esperaría que Dunquerque (Dunkirk) perdiera los apartados de Edición de Sonido o Mezcla de Sonido, y tampoco tendría duda alguna de que Roger Deakins  merecía el galardón a la Mejor Fotografía por Blade Runner 2049. Si alguien se sorprendió por  la elección de El Hilo Fantasma (Phantom Thread) como Mejor Diseño de Vestuario, es porque quizás no la vio o no entiende del tema.   

La paz de esa noche fue posible por la emulación de la repartición de los panes y los peces, pues cada colectivo recibió su parte correspondiente, así los negros tuvieron su Get Out, los latinos su Del Toro y su Mujer Fantástica, los del medio oeste su Tres Anuncios de las Afueras (Three Bilboards Outside Ebbing Missouri), los LGBT su Call Me By Your Name, los de la libertad de expresión su The Post y al presidente Trump, le regalaron una tranquilidad matizada.

Al parecer, mucha gente olvida la composición de los votantes de la Academia y los confunde con la de los Globos de Oro o quizás con sus propios deseos. Es obvio que algunas películas que ganaron no son superiores a las que perdieron, pero recordemos que hablamos de un negocio donde el que más invierte y presiona es el que gana o puede ganar, y bueno, también están las tendencias de opinión pública. 

Este año, el show estuvo lejos de los niveles ideales de entretenimiento al que nos tiene acostumbrado, porque ni los chistes, ni los números musicales y ni siquiera las denuncias, estuvieron a la altura de ediciones anteriores. Al parecer se intenta calmar los ánimos y regresar a la estabilidad deslumbrante.  

El Oscar 2018 no se destacará por un alto nivel de las películas participantes, ni por erigirse en un espectáculo que nos  impresionara por la ejecución técnica o el glamour de sus estrellas. El efecto de las acusaciones acerca de la diversidad o el acoso sexual le han restado el atractivo que esperamos recupere en años venideros sin afectar la conciencia en los problemas sociales que se ha conseguido.  

    Imprimir       Email

Puede que te guste también...

Claro presentará el futuro de la Transformación Digital

Leer Más →
A %d blogueros les gusta esto: