Muy molesto, el mandatario comparó el procedimiento con miras a destituirlo con un “linchamiento”, una palabra cargada de significado en Estados Unidos, donde se asocia con el asesinato de negros por blancos durante los siglos XIX y XX, esencialmente en el sur.

Los demócratas que controlan la Cámara de Representantes buscan determinar si Trump utilizó la política exterior de Estados Unidos para fines políticos personales. Específicamente, quieren saber si el presidente republicano presionó a Ucrania, mediante un chantaje económico, para que investigara presunta corrupción del exvicepresidente demócrata Joe Biden, candidato favorito a disputarle la reelección en 2020.

Según The Washington Post, en un testimonio a puerta cerrada en el Congreso, Bill Taylor, encargado de negocios de Estados Unidos en Ucrania, reforzó el martes las sospechas contra Trump.

Taylor informó que Gordon Sondland, embajador de Estados Unidos ante la Unión Europea (UE), le había dejado claro que Trump había vinculado la entrega de ayuda a Ucrania a que Kiev anunciara una investigación sobre el hijo de Biden, miembro de la junta directiva de una empresa ucraniana.

Sondland “me dijo (…) que todo estaba relacionado con tal anuncio, incluida la ayuda económica”, afirmó Taylor, según el diario. 

Pero la Casa Blanca rechazó este martes el testimonio del funcionario ante el Congreso denunciando una campaña de “difamación” de los demócratas.

“El presidente Trump no ha hecho nada malo, esto es una campaña coordinada de difamación de legisladores de extrema izquierda y burócratas radicales que no fueron electos en guerra contra la Constitución”, dijo la encargada de prensa de la Casa Blanca, Stephanie Grisham, en un comunicado.

“Lo que escuché hoy de Bill Taylor fue muy inquietante y explosivo”, señaló por su parte el congresista demócrata Adriano Espaillat en su cuenta de Twitter.

“Fue simplemente el testimonio más condenatorio que escuché”, opinó la legisladora Debbie Wasserman Schultz, también demócrata.

En un mensaje enviado a principios de septiembre a Sondland, Taylor se mostró abiertamente preocupado por la presión de la Casa Blanca hacia la Presidencia ucraniana. “Me parece una locura suspender la asistencia en seguridad a cambio de una mano amiga para una campaña política”, escribió.

Una encuesta de CNN publicada el martes mostró que 50% de los estadounidenses apoya un proceso de destitución a Trump, frente al 43% que está en contra. Sin embargo, prueba de la fuerte división partidista entre los votantes, el 87% de los demócratas está a favor de la destitución, en comparación con solo el 6% de los republicanos.

– “¿Linchamiento?”, palabra “desafortunada” –

Unas horas antes del testimonio de Taylor, Trump se puso más que nunca en el papel de víctima.

“Si algún día un demócrata es presidente y los republicanos ganan la Cámara de Representantes, incluso por un margen menor, pueden llevar al presidente a juicio político sin el debido proceso o justicia o derecho legal alguno”, tuiteó.

“Todos los republicanos deben recordar lo que están atestiguando: un linchamiento. ¡Pero ganaremos!”, agregó.

El tuit de Trump provocó fuertes reacciones en la capital de Estados Unidos.

Sorprendentemente, Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado, que no suele criticar al presidente, expresó su desacuerdo.

“Dada la historia en nuestro país, no compararía esto con un linchamiento”, declaró McConnell a periodistas. “Esa fue una elección desafortunada de palabras”.

James Clyburn, legislador demócrata de Carolina del Sur, señaló que ningún presidente debería usar ese término. “Vengo del sur (…) es una palabra que debe usarse con mucha, mucha precaución”, afirmó este congresista negro.

“He estudiado cuidadosamente la historia presidencial, nunca hemos visto algo así”, agregó, señalando que los otros tres presidentes estadounidenses que afrontaron una investigación o un proceso de destitución -Andrew Johnson, Richard Nixon y Bill Clinton- nunca hicieron una referencia así.

Julián Castro, el precandidato presidencial demócrata de origen hispano, consideró que “es más que vergonzoso” usar ese término sólo “por el hecho de que se lo haga responsable de sus actos”.

“¿Un linchamiento? 4.743 personas fueron linchadas en Estados Unidos entre 1882 y 1968, incluidos 3.446 afroamericanos”, dijo Kristen Clarke, que preside una organización de derechos civiles, al señalar ese capítulo “desagradable” en la historia de Estados Unidos.

La Casa Blanca defendió el uso de esta palabra asegurando no hubo una referencia histórica.

“El presidente no estaba tratando de compararse con la terrible historia de este país”, dijo Hogan Gidley, portavoz del Ejecutivo.